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Errobiko Supra

Errobiko Supra

El festín de los 30 años

Banquete animado
MIÉ · 20:00 · ATHARRI - TIENDA

El festín de los treinta años de Errobiko Festibala será como un sol de mesas dispuestas entre las montañas y las orillas interiores de los mundos, en el corazón de nuestra carpa-goleta. Un banquete como un navío, para atravesar juntos la noche: invitamos a nuestros amigos, pasadores, soñadores, desde las gargantas de Atekagaitz, donde el río conserva todavía algo del torrente, para bogar hacia esos archipiélagos que hemos amado durante tres décadas. Aprendimos de los georgianos que el pan y el vino no bastan; que también hay que sostener la palabra de pie, alzar las copas por quienes estuvieron antes que nosotros, por quienes vendrán después, por los muertos, por los vivos, por las lenguas que aún tiemblan en la garganta de los pueblos insumisos. Entonces llegará el supra, ofrecido a la luna que ilumina nuestras noches. Treinta brindis por treinta ediciones. Treinta maneras de dar las gracias a aquello que nos une. Treinta maneras de hacer comunidad, de volver a anudar las voces dispersas, de celebrar lo que todavía resiste al borrado, y de poner a prueba el amor a través del canto.
Porque en el corazón de la mesa, los cantos surgirán como tierras lejanas que de pronto se reconocen hermanas. Y temblaremos al escuchar:
Las polifonías georgianas, que abrirán las grietas de las edades primeras.
Las voces búlgaras, que llamarán por oleadas a los buitres de los acantilados de Itsusi.
Los cantos vascos, que recordarán que cada lengua que resiste al olvido agranda la humanidad.
La madera de la txalaparta hablará, cabalgata de fuego y de agua, con esa manera que tienen los árboles caídos de seguir, pese a todo, haciendo latir el corazón del mundo. La cocina de Risa Nagahama llegará como una ofrenda, atenta tanto a las historias de las almas y de los lugares como a los sabores delicados: en el compartir, un gesto preciso, una memoria del gusto depositada en el hueco de la mano. Las artes plásticas de Clara Claus darán a la mesa sus formas sensibles: porque los objetos habitados por las manos y por los usos saben acoger, saben transmitir. Esa noche no se tratará solamente de celebrar un aniversario. Se tratará de sostener la frágil promesa de una tierra hospitalaria donde las culturas no se cierran, sino que se encuentran en pie de igualdad. De creer en la relación más que en la frontera, en la criollización de los imaginarios más que en los muros y fortalezas de los imperios. En la paz, no como una promesa vacía de sentido proclamada en los discursos de los belicistas, sino como una práctica de la mesa, del canto, de la escucha y del compartir.
No olvidaremos ni a los pueblos y lenguas aplastados, ni las memorias pisoteadas por las colonizaciones. No olvidaremos todas esas voces que los imperialismos quisieran reducir al silencio. Porque cada canto salvado por la memoria o surgido de la creación arraigada, cada poema transmitido o inventado, cada lengua hablada pese a la opresión, es ya una victoria contra el borrado, contra la desaparición de las especies y de las culturas.
Entonces comeremos.
Cantaremos.
Alzaremos las copas.
Y en todos esos rostros-corazones iluminados por la luz vacilante, quizá leeremos esto: que un festival puede a veces convertirse en un país.

  • Clara Claus — artista plástica
  • Risa Nagahama — creadora de experiencias culinarias